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martes, 21 de enero de 2014

La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine

Todo puede comprarse, es cierto. (...) pero no el conocimiento: el precio que debe pagarse por conocer es de naturaleza muy distinta. Ni siquiera un cheque en blanco nos permitirá adquirir mecánicamente lo que sólo puede ser fruto de un esfuerzo individual y una inagotable pasión. 

Nadie, en definitiva, podrá realizar en nuestro lugar el fatigoso recorrido que nos permitirá aprender. Sin grandes motivaciones interiores, el más prestigioso título adquirido con dinero no nos aportará ningún conocimiento verdadero ni propiciará ninguna auténtica metamorfosis del espíritu.


Por mucho dinero que tengas, por muchos libros que compres, para adquirir su conocimiento, siempre deberás empezar por leerlos y a partir de ahí...

"Estaría bien, -le explica Sócrates a Agatón en El Banquete- que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros, como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de la más llena a la más vacía."

El conocimiento no fluye de un intelecto a otro, sólo se puede adquirir con esfuerzo.

Pero hay algo más. Sólo el saber puede desafiar una vez más las leyes del mercado. Yo puedo poner en común con los otros mis conocimientos sin empobrecerme, (...) es un proceso virtuoso en el que se enriquece, al mismo tiempo, quien da y quien recibe.

La grandeza se percibe mejor en las cosas más simples y no mercantilizadas.

"Si diariamente defraudas, engañas, buscas y haces componendas, robas, arrebatas con violencia -advierte Cicerón en las Paradojas de los estoicos- si despojas a tus socios, si saqueas el erario (...) entonces, dime: ¿significa esto que te encuentras en la mayor abundancia de bienes o que careces de ellos?"  

lunes, 13 de enero de 2014

Qué pasaría…? - Mario Benedetti.

Qué pasaría…?
¿Qué pasaría si un día despertamos dándonos cuenta de que somos mayoría? ¿Qué pasaría si de pronto una injusticia, solo una, es repudiada por todos, todos que somos todos, no unos, no algunos, sino todos?.

¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos nos multiplicamos, nos sumamos y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso? ¿Qué pasaría si nos organizáramos y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas, en silencio, en multitudes, en millones de miradas la cara de los opresores, sin vivas, sin aplausos, sin sonrisas, sin palmadas en los hombros, sin cánticos partidistas, sin cánticos?.

¿Qué pasaría si yo pidiese por vos que estás tan lejos, y vos por mí que estoy tan lejos, y ambos por los otros que están muy lejos y los otros por nosotros aunque estemos lejos? ¿Qué pasaría si el grito de un continente fuese el grito de todos los continentes? ¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez de lamentarnos?.

¿Qué pasaría si rompemos las fronteras y avanzamos, y avanzamos, y avanzamos, y avanzamos? ¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas para tener solo una, la nuestra, la de todos, o mejor ninguna porque no la necesitamos? ¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas para ser humanos? ¿No sé… me pregunto yo, qué pasaría?

Mario Benedetti.

sábado, 11 de enero de 2014

Sun Tzu...

"...es necesario aprender a trabajar directamente con el conflicto de nuestro entorno; no ignorarlo, no ahogarlo, no rechazarlo, ni intentar ignorar su existencia..."

La fuerza del sabio se encuentra simple y llanamente en él mismo, que se siente siempre cómodo consigo mismo. Cuanto mas relajación; mayor control, mayor ausencia de miedos; que atenazan la voluntad y la esperanza, y de esta manera se desarrolla su apreciación del mundo que le rodea, sin que ninguna situación esté a favor o en contra; no hay expectativas, ni soluciones, ni creencias, ni prejuicios.
La sabiduría es la raíz de la acción acertada. Posee la capacidad de poder sentirse en medio del caos como si estuviera en casa.
La acción correcta surge solamente del conocimiento de todos los detalles que van a conformar la situación. Las "victorias" no pueden transmitirse por anticipado. Sólo necesitamos nuestra humana inteligencia, atención al momento presente y apertura al mundo.

La auténtica "victoria" es la victoria sobre la agresión; una "victoria" que respeta la fundamental humanidad de las personas envueltas en la disputa, en el enfrentamiento, y que, de esa manera, hace innecesario un posterior conflicto.

El conflicto no debe verse como negativo, es parte esencial de la vida humana, lo que suele ser negativo es la solución dada al conflicto, la forma de resolverlos, y es ahí donde tenemos que poner todo nuestro conocimiento y sabiduría, porque el conflicto es algo vivo, y el huir o alejarlo, no lo hace desaparecer, seguirá fluyendo a pesar de nuestra huida, o precisamente por ella...

...en realidad, se trata de una oportunidad de cambio, ya que se están manifestando discrepancias que no se habían hecho patentes con anterioridad y que posibilitan un nuevo orden a través de la creación de
nuevos acuerdos.

El conocer la totalidad del conflicto es, al mismo tiempo, una forma de ser y una forma de ver; y partiendo de estas, se convierte de forma natural, también en una forma de actuar. 
Si comprendes la totalidad del conflicto, comprendes que no hay necesidad de ganar ni de perder, porque si te aferras a esas necesidades, tus soluciones estarán encaminándose a perpetuar el conflicto. En cuanto queremos ganar, nos hacemos susceptibles a la derrota, cerrándonos a la percepción del mundo, y perdiendo el conocimiento pleno de la situación.

El conocimiento surge en el momento presente. Su aplicación depende de la introspección que hagas de tus circunstancias presentes, introduciéndote en el ahora de la situación. No puede transmitirse por adelantado.

Hay que aprender a vivir directamente con los conflictos e incongruencias de nuestro entorno y de nosotros mismos. No ignorarlos, no ahogarlos, no rechazarlos, ni ignorar su existencia; están ahí, son consustanciales a nosotros, debemos ser conscientes de que no podemos acertar siempre, de que ganar o perder no importa, de que la equivocación es un  paso más hacia e acierto.
Cuando acertamos (muchas veces) no somos capaces de darnos cuenta de que el acierto absoluto no existe, simplemente es "tu acierto", que puede ser derrotado, en parte o en su totalidad, por cualquier otra persona, que también posee "su acierto".
Ante estas situaciones, lo más válido es intentar, -nos suele resultar difícil el hacerlo- escuchar, aprender, valorar y rectificar, si es necesario, o reafirmarte en tus creencias (las cuales siempre encontrarás diferentes) si no te han convencido.
Y así, de forma cíclica, porque cuando alguien con argumentos más sólidos aparece; cambiarás tu verdad, por su verdad, o ampliarás la tuya, o combinarás ambas; creando tu nueva verdad, -creyéndola tan acertad y veraz, como la anterior- lo cual no debes comprender como incongruencia o incoherencia, sino como existencia asertiva, en donde cada uno se respeta a sí mismo y a los demás.