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miércoles, 22 de febrero de 2017

Tus Hijos no son tus hijos...

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa de mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti
porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero
sea para la felicidad
Pues aunque Él ama
la flecha que vuela,
Ama de igual modo al arco estable.
Khalil Gibran

El método de ayuda se basa en la idea de que el niño sabe mejor que el padre lo que necesita en cada etapa de su vida e implica la plena participación de ambos padres en el desarrollo de la vida del niño, esforzándose por empatizar con él y satisfacer sus necesidades peculiares y crecientes.
No supone intento alguno de corregir o formar “hábitos”.
El niño no recibe golpes ni represiones y sí disculpas cuando se le da un grito motivado por la fatiga o el nerviosismo.
Este método exige de ambos padres una enorme cantidad de tiempo, energía y diálogo, especialmente durante los primeros seis años, pues ayudar a un niño a alcanzar sus objetivos cotidianos supone responder continuamente a sus necesidades, jugar con él, tolerar sus regresiones, estar a su servicio y no a la inversa, interpretar sus conflictos emocionales y proporcionar los objetos adecuados a sus intereses en evolución.
Lloyd DeMause - La Evolución De La Infancia.

jueves, 13 de octubre de 2016

Porqué justificamos la mala crianza de nuestros padres???

"Una civilización de mamíferos que basa, en fin, su existencia en el maltrato sistemático (psicológico, verbal, físico, psicofarmacológico...) de sus propias crías, es decir, en la negación de nuestros propios errores sobre ellas, no puede ser sino una civilización condenada a toda clase de abusos y desdichas."

El cerebro es incapaz de representar de modo constante información absoluta del entorno, valoramos cada señal en relación con los estímulos adyacentes. Incluso las tomas de decisiones se hallan influenciadas por el contexto correspondiente. 
En la crianza, los hijos reciben de sus padres un único valor, una única pauta de crianza; no suelen tener -sobre todo en los primeros años- prácticamente ninguna referencia de como tienen que comportarse sus padres, excepto la experiencia presente de como se comportan y aprenden -tanto si éstos lo hacen bien como mal- que lo correcto es como a ellos los tratan, como a ellos los educan -no conocen otra educación- como mucho quedan con los abuelos que suelen ser quienes más han influenciado en su crianza a los padres, con lo que suelen repetirse patrones intergeneracionales. No tienen otros valores de referencia, y por eso, como niños, estamos perdidos, cuando nuestros padres no nos aman incondicionalmente.

No podemos comparar ese "valor de crianza" con prácticamente ningún otro (apenas los conocemos: abuelos o quedarse alguna vez en casa de algún amigo o primo, por ejemplo) con lo que vamos teniendo vagas referencias, en casa de amigos, primos, abuelos... diferentes a las que hemos asumido como verdaderas, a medida que crecemos y salimos al mundo (entre los 6-7 años), pero nuestro valor absoluto, que es el día a día, con nuestros padres, desde nuestro nacimiento, es nuestro valor de referencia...
A medida que crecemos, adolescencia y adultez, vamos conociendo otros patrones, otros valores, otras formas de educar, y empezamos a comparar y a refllexionar sobre ellos; aunque siempre partiendo de nuestro valor de referencia...
..."nuestra crianza", la ofrecida por nuestros padres, como valor cuasi-absoluto. Cuando se producen conocimientos que mejoran la crianza que hemos tenido, tendemos a autojustificar lo que hicieron nuestros padres, en lugar de pensar, si así fuera el caso, "lo hicieron mal, aunque seguramente lo hicieron lo mejor que supieron".

Cuando encontramos "peores métodos de crianza", pensamos y decimos, mira que bien lo han hecho mis padres, justificando así: azotes, cachetes, gritos o cualquier otro tipo de falta de respeto ejercida por nuestros padres... en una situación que no hay que olvidar que es DE PODER, ya que el niño o niña se encuentran en un estado de indefensión total ante sus progenitores, considerados como Dioses por sus hijos, sobre todo en las primeras etapas de vida... porque otros padres, otras familias, lo han hecho peor.

En lugar de reflexionar sobre nuestra crianza, de una manera sana y en clave de aprendizaje, si es o fue, buena o mala, tanto en general como en hechos o situaciones particulares, creciendo como personas y como futuros progenitores, tendemos a compararla con otras peores, para mejorar la nuestra y confortarnos, dando lugar a la repetición de patrones de crianza perjudiciales para las futuras generaciones

Por qué, en cambio, si unos padres incapaces y/o sin afecto crían unos hijos infelices y problemáticos, casi todo el mundo culpabiliza a éstos -llamándolos "maleducados", "malos hijos" o incluso "enfermos"-, en vez de responsabilizar a los padres? Parece el viejo truco de acusar a la víctima para eludir la responsabilidad del verdugo.

jueves, 10 de septiembre de 2015

"El cuerpo nunca miente" de Alice Miller.

"Con bastante frecuencia el cuerpo reacciona con enfermedades al menosprecio constante de sus funciones vitales. Entre éstas se encuentra la lealtad a nuestra verdadera historia. Así pues, este libro trata principalmente del conflicto entre lo que sentimos y sabemos, porque está almacenado en nuestro cuerpo, y lo que nos gustaría sentir para cumplir con las normas morales que muy tempranamente interiorizamos. Sobresale entre otras una norma concreta y por todos conocida, el cuarto mandamiento, que a menudo nos impide experimentar nuestros sentimientos reales, compromiso que pagamos con enfermedades corporales. El libro aporta numerosos ejemplos a esta tesis, pero no narra biografías enteras, sino que se centra principalmente en cómo es la relación de una persona con unos padres que, en el pasado, la maltrataron.

La experiencia me ha enseñado que mi cuerpo es la fuente de toda la información vital que me abrió el camino hacia una mayor autonomía y autoconciencia.

Sólo cuando admití las emociones que tanto tiempo llevaban encerradas en mi cuerpo y pude sentirlas, fui liberándome poco a poco de mi pasado. Los sentimientos auténticos no pueden forzarse. Están ahí y surgen siempre por algún motivo, aunque éste suela permanecer oculto a nuestra percepción.

No puedo obligarme a querer a mis padres, o siquiera a respetarlos, cuando mi cuerpo se niega a hacerlo por razones que él mismo bien conoce. Sin embargo, cuando trato de cumplir el cuarto mandamiento me estreso, como me ocurre siempre que me exijo a mí misma algo imposible. Bajo este estrés he vivido prácticamente toda mi vida. Traté de crearme sentimientos buenos e intenté ignorar los malos para vivir conforme a la moral y al sistema de valores que yo había aceptado. En realidad, para ser querida como hija. Pero no resultó y, al fin, tuve que reconocer que no podía forzar un amor que no estaba ahí. Por otra parte, aprendí que el sentimiento del amor se produce de manera espontánea, por ejemplo con mis hijos o mis amigos, cuando no lo fuerzo ni trato de acatar las exigencias morales. Surge únicamente cuando me siento libre y estoy abierta a todos mis sentimientos, incluidos los negativos.

Comprender que no puedo manipular mis sentimientos, que no puedo engañarme a mí misma ni a los demás, fue para mí un gran alivio y una liberación. Sólo entonces caí en la cuenta de cuántas personas están a punto de desbaratar sus vidas porque intentan, como hacía yo antes, cumplir con el cuarto mandamiento sin percatarse del precio que sus cuerpos o sus hijos tendrán que pagar. Mientras los hijos se dejen utilizar, uno puede vivir hasta cien años sin reconocer su verdad ni enfermar a causa de su autoengaño.

Claro que, también, a una madre que admita que debido a las carencias su infancia es incapaz, por mucho que se esfuerce, de amar a su hijo, se la tachará de inmoral cuando trate de articular su verdad. Pero yo creo que es precisamente el reconocimiento de sus sentimientos reales, desligados de las exigencias morales, lo que le permitirá ayudarse de verdad a sí misma y a su hijo, y romper el círculo del autoengaño.
Un niño, cuando nace, necesita el amor de sus padres, es decir, necesita que éstos le den su afecto, su atención, su protección, su cariño, sus cuidados y su disposición de comunicarse con él. Equipado para la vida con estas virtudes, el cuerpo conserva un buen recuerdo y, más adelante, el adulto podrá dar a sus hijos el mismo amor. Pero cuando todo esto falta, en el niño del pasado permanece de por vida el anhelo de satisfacer sus primeras funciones vitales; un anhelo que de adulto proyectará sobre otras personas. Por otra parte, cuanto menos amor haya recibido el niño, cuanto más se le haya negado y maltratado con el pretexto de la educación, más dependerá, una vez sea adulto, de sus padres o de figuras sustitutivas, de quienes esperará todo aquello que sus progenitores no le dieron de pequeño. Ésta es la reacción natural del cuerpo. El cuerpo sabe de qué carece, no puede olvidar las privaciones, el agujero está ahí y espera a que sea llenado.

Pero cuanto mayor se es, más difícil es obtener de otros el amor que tiempo atrás uno no recibió de los padres. No obstante, las expectativas no desaparecen con la edad, todo lo contrario. Las proyectaremos sobre otras personas, principalmente sobre nuestros hijos y nietos, a no ser que tomemos conciencia de este mecanismo e intentemos reconocer la realidad de nuestra infancia lo más a fondo posible acabando con la represión y la negación. Entonces descubriremos en nosotros mismos a la persona que puede llenar esas necesidades que desde nuestro nacimiento, o incluso desde antes, esperan a ser satisfechas; podremos darnos a nosotros mismos la atención, el respeto, la comprensión de nuestras emociones, la protección necesaria y el amor incondicional que nuestros padres nos negaron.

Para que eso suceda, necesitamos experimentar el amor hacia ese niño que fuimos; de otra manera, no sabremos dónde está ese amor. Si queremos aprender esto en las terapias, necesitamos dar con personas capaces de aceptarnos tal como somos, de proporcionarnos la protección, el respeto, la simpatía y la compañía que necesitamos para entender cómo hemos sido, cómo somos. Esta experiencia es indispensable para que podamos aceptar el papel que desempeñaron los padres en relación con el niño antes menospreciado. Un terapeuta que se haya propuesto «modelarnos» no puede procurarnos esta experiencia, y tampoco un psicoanalista que haya aprendido que, frente a los traumas de la infancia, uno debe mostrarse neutral e interpretar como fantasías nuestros relatos. No; necesitamos precisamente lo contrario, es decir, un acompañante parcial, que comparta con nosotros el horror y la indignación cuando, paso a paso, nuestras emociones vayan revelándonos (al acompañante y a nosotros mismos) cómo sufrió ese niño y por lo que tuvo que pasar, completamente solo, mientras su alma y su cuerpo luchaban por la vida, esa vida que durante años estuvo en constante peligro. Un acompañante así, al que yo llamo «testigo cómplice», es lo que necesitamos para conocer y ayudar al niño que llevamos dentro, es decir, para entender su lenguaje corporal e interesarnos por sus necesidades, en lugar de ignorarlas, como hemos hecho hasta ahora y como hicieron nuestros padres en el pasado.

Lo que acabo de decir es muy realista. Con un buen acompañante, que sea parcial y no neutral, uno puede encontrar su verdad. Durante el proceso, puede liberarse de sus síntomas, curarse de la depresión y ver cómo aumentan sus ganas de vivir, salir de su estado de agotamiento y sentir que su energía crece en cuanto deje de necesitarla para reprimir su verdad. El cansancio típico de la depresión aparece cada vez que reprimimos nuestras emociones intensas, cuando minimizamos los recuerdos del cuerpo y no queremos prestarles atención.

¿Por qué estas evoluciones positivas se dan más bien poco? ¿Por qué la mayoría de la gente, especialistas incluidos, prefiere creer en el poder de los medicamentos a dejarse guiar por el cuerpo? Es el cuerpo el que sabe con exactitud lo que nos falta, lo que necesitamos, lo que tuvimos que soportar y lo que nos provocaba en nosotros una reacción alérgica. Pero muchas personas prefieren recurrir a los medicamentos, las drogas o el alcohol, con lo que el camino hacia la verdad se les cierra aún más. ¿Por qué? ¿Porque reconocer la verdad duele? Eso es indiscutible. Pero esos dolores son pasajeros y soportables, si se cuenta con una buena compañía. El problema que veo aquí es que falta esa compañía, porque da la impresión de que casi todos los facultativos de la asistencia médica, debido a nuestra moral, tienen grandes dificultades para apoyar al niño en otros tiempos maltratado y reconocer cuáles son las consecuencias de las heridas tempranamente sufridas. Están bajo la influencia del cuarto mandamiento, que nos obliga a honrar a nuestros padres «para que las cosas nos vayan bien y podamos vivir más años».

Es lógico, pues, que dicho mandamiento obstruya la curación de antiguas heridas. Aunque no es de extrañar que hasta ahora nunca se haya hecho una reflexión pública de este hecho. El alcance y el poder de este mandamiento son enormes, porque se alimenta de la unión que hay entre el niño y sus padres. Tampoco los grandes filósofos y escritores se atrevieron jamás a rebelarse contra este mandamiento. A pesar de su dura crítica a la moral cristiana, la familia de Nietzsche se libró de dicha crítica, pues en todo adulto al que en el pasado maltrataron anida el miedo del niño al castigo cada vez que intentaba quejarse del proceder de sus padres. Pero anidará sólo en tanto que éste sea inconsciente; en cuanto el adulto tome conciencia de él, irá desapareciendo progresivamente.

Extracto del  libro "El cuerpo nunca miente"  de Alice Miller (Lemberg, entonces Polonia y actualmente Ucrania, 12 de enero de 1923 – Saint-Rémy-de-Provence, Francia, 12 de abril de 2010) fue una psicóloga conocida por su trabajo en maltrato infantil y sus efectos en la sociedad así como en la vida de los individuos. Nació en Polonia, en el seno de una familia hebrea, pero creció y estudió en Suiza. Obtuvo su doctorado en filosofía, psicología y sociología en 1953 en Basilea. En 1986 Miller fue galardonada con el premio Janusz Korczak por la Liga Antidifamación.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Así nace el fascismo... (La lección de guitarra, Balthus) - Cristina Peri Rossi

Así nace el fascismo...
(La lección de guitarra, Balthus)

En el campo de concentración
de la sala de música o ergástula
la fría, impasible Profesora de guitarra
(Ama rígida y altiva)
tensa en su falda el instrumento:
mesa los cabellos
alza la falda
dirige la quinta de su mano derecha
hacia el sexo insonoro y núbil
de la Alumna
abierta como la tapa de un piano.
Ejecuta la antigua partitura
sin pasión
sin piedad
con la fría precisión
de los roles patriarcales.

Así sueñan los hombres a las mujeres.
Así nace el fascismo.

Cristina Peri Rossi - Las musas inquietantes (1999)

El poema es la crítica al cuadro, y el cuadro es la representación de las miserias de nuestra sociedad... ...es un cuadro que representa una aberración, bajo mi humilde opinión, y es elevado a la categoría de "obra de arte" y su autor como un referente artístico, un genio...

"No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma". Krishnamurti

El fascismo es la expresión sin límites de la miseria cotidiana que soportamos... 
...ocultamos esa miseria en obras de arte, ensalzando verdaderas atrocidades al nivel de genialidades, y esa minoría deformada acaba creando en su origen, el sentido común de una minoría, también deformada en su infancia, que crea el sentido común de la mayoría. 

(...)

"Mi conclusión de toda una vida de estudiar la historia de la infancia es que la sociedad se basa en el maltrato de menores".

( ...)

"Cada generación inicia de nuevo con bebés puros, deseosos, con fe y dispuestos a amar y crear un nuevo mundo. Y cada generación de padres tortura, maltrata, abandona y domina a sus hijos hasta convertirlos en adultos emocionalmente minusválidos que repiten de manera casi idéntica la violencia y el dominio social que existió en previas décadas" (deMause 2002, p. 97). (...)





sábado, 5 de octubre de 2013

Impresionante documento audiovisual de como vivían los niños de las tierras de Friol (Lugo) a finales de los años ´70...

Impresionante documento audiovisual de como vivían los niños de las tierras de Friol (Lugo) a finales de los años ´70...
...cómo se levantaban, cómo iban al colegio; qué hacían en las clases, en el recreo.

En definitiva, como era el mundo, de las aldeas de Lugo, de los hijos de los supervivientes de la posguerra...  Una vida dura, difícil; una lucha por aprender y sobrevivir.
de dónde venimos??? quiénes somos??? cómo vivíamos???

Aquellos días en donde al llover te mojabas, 
cuando el frío era intenso, la familia dormía al lado de la lareira.
En donde no había tiempo de ocio,
porque todo el tiempo era de vida, de falta de conocimiento, de juegos, de cooperación...

ya al principio ver como una niña de 11 años, es ya una mujer que actúa como tal, a falta de su madre, cuidando de su hermano como si fuese un hijo.

como se intenta que los niños hablen castellano, obviando su idioma primario, incluso el tono de la profesora al hablar del gallego, es como si fuese una molestia, porque deben hablar en castellano.

Eran niños, pero sólo en el colegio, luego al llegar a casa, tenían que trabajar o "ayudar" en las tareas, no era una vida "fácil" como ahora, era una vida que ya desde pequeño te ayudaba a aprender a sobrevivir... pero se ve como los niños no quieren ser campesinos, a ninguno les gusta...

me acuerdo una historia que siempre cuenta el primo de mi padre, que andará, por los 80 años ahora y que contaba que un día lo enviaron de Ardexurxo, al lado de Carral, hacia Meson do Vento, con 9 años, a desbrozar una leira, en pleno diciembre nevando, y allá se fue, con un trozo de tocino que cocinó a primera hora de la mañana, y que luego se tomó, aunque ya congelado y le sentó tan mal que cayó en la nieve, la madre horas después, se dio cuenta de que no estaba, acabó con sus tareas y lo fue a buscar cuando ya anochecía, y tuvo la suerte de encontrarlo en posición fetal, tirado entre unas ramas y casi muerto de frío...

Tan lejos, pero a la vez tan cerca, una o dos generaciones, y muchos siguen viviendo igual, mientras otros ya ni recuerdan, ni conocen, ni quieren saber, como era la vida de sus padres o abuelos...



sábado, 8 de junio de 2013

De amor se vive (1982) - ensayo vital de un niño de 9 años.

Resulta sorprendente escuchar a Franck, un niño de 9 años, hablar sobre la sexualidad, cómo los adultos temen a los niños, y su filosofía sobre qué es una "buena vida"...

...sobre el amor, sobre el placer, sobre la guerra, sobre la droga.


Su claridad mental, mucho menos intoxicada que la de los adultos, me resulta reveladora, como analiza conflictos universales, sin tamices, casi sin prejuicios, desde esa visión limpia, que poseen los niños.

habla desde el amor y no desde el temor por eso no tiene pelos en la lengua y dice lo que realmente siente...

La infancia es inimaginable, no sabemos lo que puede un niño porque ya olvidamos todo lo que éramos capaces...
Silvano Agosti y Franck, nos ayudan a recordarlo.

lunes, 14 de enero de 2013

Psicohistoria 3... La Evolución de la Infancia - Periodización... Lloyd DeMause.

Este post viene de...
http://unabrazoyunasonrisa.blogspot.com.es/2013/01/psicohistoria-2-la-evolucion-de-la.html

La periodización que elabora el historiador norteamericano debe considerarse como una indicación de los tipos de relaciones paterno-filiales que se daban en el sector psicogenéticamente más avanzado de la población en los países más adelantados, y las fechas dadas son las primeras que se hallaron en las fuentes correspondientes.
La serie de seis tipos representa una secuencia continua de aproximación entre padres e hijos a medida que, generación tras generación, los padres superaban lentamente sus ansiedades y comenzaban a desarrollar la capacidad de conocer y satisfacer las necesidades de su hijos.
Dicha serie ofrece una taxonomía útil de las formas contemporáneas de crianza de los niños.

(a). Infanticidio (Antigüedad-siglo IV).
La imagen de Medea se cierne sobre la infancia en la antigüedad, pues en este caso el mito no hace más que reflejar la realidad. Algunos hechos son más importantes que otros, y cuando los padres resolvían rutinariamente sus ansiedades acerca del cuidado de los hijos matándolos, ello influía profundamente en los niños que sobrevivían.

Respecto de aquellos a los que se les perdonaba la vida, la reacción proyectiva era la predominante y el carácter concreto de la inversión se manifestaba en la difusión de la práctica de la sodomía con el niño.

(b). Abandono (Siglos IV-XIII).
Una vez que los padres empezaron a aceptar al hijo como poseedor de un alma, la única manera de hurtarse a los peligros de sus propias proyecciones era el abandono, entregándolo al ama de cría, internándolo en el monasterio o en el convento, cediéndolo a otras familias de adopción, enviándolo a casa de otros nobles como criado o como rehén o manteniéndolo en el hogar en una situación de grave abandono afectivo.

El símbolo de este tipo de relación podría ser Griselda, que tan de buen grado abandonó a sus hijos para demostrar su amor a su esposo. O quizá sería cualquiera de esas estampas tan populares en las que se representa a la Virgen María en una postura rígida sosteniendo al Niño Jesús. La proyección continuaba siendo preeminente puesto que el niño seguía estando lleno de maldad y era necesario siempre azotarle, pero como demuestra la reducción de la sodomía practicada con niños, la inversión disminuyó considerablemente.

(c). Ambivalencia (siglo XIV-XVII).
Como el niño, cuando se le permitía entrar en la vida afectiva de los padres, seguía siendo un recipiente de proyecciones peligrosas, la tarea de éstos era moldearlo. De Dominici a Locke no hubo imagen más popular que la del moldeamiento físico del niño, al que se consideraba como cera blanda, yeso o arcilla a la que había que dar forma.
Este tipo de relación se caracteriza por una enorme ambivalencia. El período comienza aproximadamente en el siglo XIV, en el que se observa un aumento del número de manuales de instrucción infantil, la expansión del culto de la Virgen y del Niño Jesús y la proliferación en el arte de la “imagen de la madre solícita”.

(d). Intrusión (Siglo XVIII). 
Una radical reducción de la proyección y la casi desaparición de la inversión fueron los resultados de la gran transición que en las relaciones paterno - filiales se operó en el siglo XVIII.
El niño ya no estaba tan lleno de proyecciones peligrosas y, en lugar de limitarse a examinar sus entrañas con un enema, los padres se aproximaban más a él y trataban de dominar su mente a fin de controlar su interior, sus rabietas, sus necesidades, su masturbación, su voluntad misma.
El niño criado por tales padres era amamantado por la madre, no llevaba fajas, no se le ponían sistemáticamente enemas, su educación higiénica comenzaba muy pronto, se rezaba con él pero no se jugaba con él, recibía azotes pero no sistemáticamente, era castigado por masturbarse y se le hacía obedecer con prontitud tanto mediante amenazas y acusaciones como por otros métodos de castigo.
Como el niño resultaba mucho menos peligroso, era posible la verdadera empatía, y nació la pediatría que, junto con la mejora general de los cuidados por parte de los padres, redujo la mortalidad infantil y proporcionó la base para la transición demográfica del siglo XVIII.

(e). Socialización (Siglo XIX- mediados del XX).
A medida que las proyecciones seguían disminuyendo, la crianza de un hijo no consistió tanto en dominar su voluntad como en formarle, guiarle por el buen camino, enseñarle a adaptarse, socializarle.
El método de la socialización sigue siendo para muchas personas el único modelo en función del cual puede desarrollarse el debate sobre la crianza de los niños y de él derivan todos los modelos psicológicos del siglo XX, desde la “canalización de los impulsos” de Freud hasta la teoría del comportamiento de Skinner.
Más concretamente, es el modelo del funcionalismo sociológico.
Asimismo, en el siglo XIX, el padre comienza por primera vez a interesarse en forma no meramente ocasional por el niño, por su educación y a veces incluso ayuda a la madre en los quehaceres que impone el cuidado de los hijos.

(f). Ayuda (comienza a mediados del siglo XX).
El método de ayuda se basa en la idea de que el niño sabe mejor que el padre lo que necesita en cada etapa de su vida e implica la plena participación de ambos padres en el desarrollo de la vida del niño, esforzándose por empatizar con él y satisfacer sus necesidades peculiares y crecientes.
No supone intento alguno de corregir o formar “hábitos”.
El niño no recibe golpes ni represiones y sí disculpas cuando se le da un grito motivado por la fatiga o el nerviosismo.
Este método exige de ambos padres una enorme cantidad de tiempo, energía y diálogo, especialmente durante los primeros seis años, pues ayudar a un niño a alcanzar sus objetivos cotidianos supone responder continuamente a sus necesidades, jugar con él, tolerar sus regresiones, estar a su servicio y no a la inversa, interpretar sus conflictos emocionales y proporcionar los objetos adecuados a sus intereses en evolución.

Como conclusión sobre su teoría de la historia de las concepciones de la Infancia, DeMause considera que...
...la teoría psicogénetica ofrece un paradigma nuevo para el estudio de la historia.
Con arreglo a esta teoría, el supuesto tradicional de la mente como tabula rasa se invierte y es el mundo el que se considera como tabula rasa; cada generación nace en un mundo de objetos carentes de sentido que sólo adquieren su significado si el niño recibe un determinado tipo de crianza. Tan pronto como cambia para un número suficiente de niños el tipo de crianza, todos los libros y objetos del mundo quedan descartados por inútiles para los fines de la nueva generación y la sociedad empieza a moverse en direcciones imprevisibles. Todavía hemos de averiguar cómo se relaciona el cambio histórico con el cambio de las formas de crianza de los niños. (1991, p. 92)

La percepción moderna de la infancia remite entonces a imperativos de carácter religioso y político, pero además está también relacionada con factores demográficos y sociales.
Como se ha señalado, autores como Ariés y , DeMause, destacan no sólo el influjo que en el nuevo sentimiento de la infancia tendrá la disminución de la mortalidad infantil y la extensión de las prácticas contraceptivas sobre todo en las clases altas, sino también la afirmación del estado medio, la futura burguesía, grupo que comienza a tener esperanza en el futuro y la deposita en sus hijos que no dejan de ser sinónimo de esa fuerza del porvenir.
En este sentido, un análisis de la infancia en tanto que institución social permitirá comprender las diferentes percepciones que de la misma han existido en Occidente desde los tiempos modernos.
En este contexto, la genealogía del campo infantil, sus reglas de constitución y sus transformaciones, permite captar mejor sus significaciones actuales.


...enlace a la primera parte de este post...
http://unabrazoyunasonrisa.blogspot.com.es/2013/01/psicohistoria.html
...enlace a la segunda parte del post...
http://unabrazoyunasonrisa.blogspot.com.es/2013/01/psicohistoria-2-la-evolucion-de-la.html


Y aquí dejo un enlace al primer ensayo del libro "la evolución de la infancia" escrito por Lloyd DeMause...
http://www.psicodinamicajlc.com/articulos/evolucion_infancia.html


AUTOR: De Mause, Lloyd
TÍTULO: Historia de la infancia / LLoyd de Mause ; versión española de María Dolores López Martínez
EDICIÓN: [1ª ed., 2ª reimp.]
PUBLICACIÓN: Madrid : Alianza, 1994
DESCRIPCIÓN FÍSICA: 471 p. ; 20 cm
COLECCIÓN: (Alianza universidad ; 321)





Psicohistoria 2... La Evolución de la Infancia - Hipótesis... Lloyd DeMause.

Este post viene de...

DeMause (1991)...
...no acepta la existencia de una hipótesis de “felicidad” inicial de la infancia y, basándose en una periodización que se fundamenta en la transformación gradual en sentido positivo de la relación entre el adulto y el niño, esboza una historia de la infancia desde la antigüedad hasta hoy; en la cual la evolución de los modelos de crianza siguen este proceso...
1) infanticidio; 2) abandono; 3) ambivalencia; 4) intrusión; 5) socialización; 6) ayuda.

En definitiva, según este autor, los padres y adultos del pasado no carecían de amor a los hijos, pero les faltaba “la madurez emocional necesaria para ver al hijo como persona”.
Frente al niño, el adulto puede adoptar diversas formas de “reacción”: puede usarlo para satisfacer su inconsciente (reacción de proyección), puede verlo como sustitutivo de un personaje que él echa de menos (reacción de reversión) y puede sintonizar con las necesidades del niño (reacción de regresión por empatía); porque...

...esta última forma de reacción se ha alcanzado recientemente y sólo en determinados segmentos de la población, está claro que la variación de los modelos de crianza no es igual en todos los países y en todos los medios sociales; así, la relación con la infancia es susceptible aun hoy de una amplia gama de actitudes que van desde el infanticidio a la relación empática.
(....)
Cualquier intento de periodizar la historia de la educación infantil debe tener en cuenta que la evolución psicogenética procede con diverso ritmo en las diversas líneas familiares y que muchos padres quedan bloqueados al nivel de modelos históricos anteriores. (DeMause:1991, p. 23)

Como todo esquema interpretativo, éste de la aplicación de principios psicológicos a la historia de la infancia corre el peligro de ser reductivo, “esquemático”, sin embargo, nos advierte hasta qué punto ha intervenido la violencia en la vida infantil y, lo que es mucho más desolador, se constata que la violencia constituye la norma de comportamiento para con la infancia, norma que muchas veces no ha sido ni siquiera puesta en cuestión.

La “teoría psicogénica” de la historia esbozada en la propuesta de DeMause comienza con una teoría general del cambio histórico. Postula que la fuerza central del cambio histórico no es la tecnología ni la economía, sino los cambios “psicogénicos” de la personalidad resultante de interacciones de padres e hijos en sucesivas generaciones. Esta teoría entraña varias hipótesis, sujetas cada una de ellas a confirmación o refutación con arreglo a los datos históricos empíricos:

(a). La evolución de las relaciones paterno - filiales constituye una causa independiente del cambio histórico. 
El origen de esta evolución se halla en la capacidad de sucesivas generaciones de padres para regresar a la edad psíquica de sus hijos y pasar por las ansiedades de esa edad en mejores condiciones esta segunda vez que en su propia infancia. Este proceso es similar al del psicoanálisis, que implica también un regreso y una segunda oportunidad de afrontar las ansiedades de la infancia.

(b). Esta “presión generacional” en favor del cambio psíquico no sólo es espontánea...
 ...originándose en la necesidad del adulto de regresar y en el esfuerzo del niño por establecer relaciones, sino que además puede darse incluso en períodos de estancamiento social y tecnológico.

(c). La historia de la infancia es una serie de aproximaciones entre adulto y niño en la que cada acortamiento de la distancia psíquica provoca nueva ansiedad.
La reducción de esta ansiedad del adulto es la fuente principal de las prácticas de crianza de los niños en cada época.

(d). El complemento de la hipótesis de que la historia supone una mejora general de la puericultura...
 ...es que, cuanto más se retrocede en el tiempo menos eficacia muestran los padres en la satisfacción de las necesidades de desarrollo del niño.

(e). Dado que la estructura psíquica ha de transmitirse siempre de generación en generación a través del estrecho conducto de la infancia, las prácticas de crianza de los niños de una sociedad no son simplemente uno entre otros rasgos culturales...
...son la condición misma de la transmisión y desarrollo de todos los demás elementos culturales e imponen límites concretos a lo que se puede lograr en todas las demás esferas de la historia. Para que se mantengan determinados rasgos culturales se han de dar determinadas experiencias infantiles, y una vez que esas experiencias ya no se dan, los rasgos desaparecen.

...este post sigue en una tercera parte, en donde se desgranan las principales periodizaciones que desarrolla Lloyd DeMause en su ensayo "la evolución de la infancia"...
http://unabrazoyunasonrisa.blogspot.com.es/2013/01/psicohistoria-3-la-evolucion-de-la.html


Y aquí dejo un enlace a un resumen del ensayo de DeMause...
http://www.psicodinamicajlc.com/articulos/evolucion_infancia.html


AUTOR: De Mause, Lloyd
TÍTULO: Historia de la infancia / LLoyd de Mause ; versión española de María Dolores López Martínez
EDICIÓN: [1ª ed., 2ª reimp.]
PUBLICACIÓN: Madrid : Alianza, 1994
DESCRIPCIÓN FÍSICA: 471 p. ; 20 cm
COLECCIÓN: (Alianza universidad ; 321)

viernes, 11 de enero de 2013

Psicohistoria 1...


En The Emotional Life of Nations deMause escribió...
"Mi conclusión de toda una vida de estudiar la historia de la infancia es que la sociedad se basa en el maltrato de menores". 

De acuerdo a la teoría de la periodización de las relaciones paternofiliales, desde el hombre de neandertal, la mayoría de las tribus y familias han practicado el infanticidio, la mutilación infantil, el incesto y el apaleo de niños a lo largo de la prehistoria e historia. 

En la actualidad la forma “socialización” en occidente se considera mucho menos abusiva, en el campo de la psicohistoria, aunque este nivel no está del todo libre de malos tratos.

"Cada generación inicia de nuevo con bebés puros, deseosos, con fe y dispuestos a amar y crear un nuevo mundo. Y cada generación de padres tortura, maltrata, abandona y domina a sus hijos hasta convertirlos en adultos emocionalmente minusválidos que repiten de manera casi idéntica la violencia y el dominio social que existió en previas décadas" (deMause 2002, p. 97).

No obstante, existe un rasgo optimista en el campo...

...los psicohistoriadores creen que cuando la violencia contra los niños desaparezca, el impulso homicida de, digamos, los asesinos en serie o los terroristas desaparecerá. La violencia política de cualquier otro tipo desaparecerá también, así como la religión misma, el pensamiento mágico, los trastornos mentales, el crimen, las cárceles, las guerras y demás inhumanidades del hombre contra el hombre...

(...)

"No parece existir ninguna posibilidad de crear un mundo mejor mediante una mera intervención externa que no conlleve una profunda transformación de la conciencia humana"

"De este modo, aun cuando la conducta agresiva puede procurar el éxito en el campo de batalla, no puede satisfacer, sin embargo, el objetivo inconsciente de nuestra memoria natal, la verdadera fuerza directriz de este tipo de procesos. Ni la más espectacular de las victorias puede aportar al inconsciente la sensación interna de liberación emocional y de renacimiento espiritual que éste necesita. Es por ello que, tras la borrachera inicial del triunfo sobreviene la resaca de una amarga desilusión y, por lo general, no transcurre mucho tiempo antes de que emerja nuevamente de entre las ruinas una réplica exacta del sistema represivo anterior, puesto que las mismas fuerzas inconscientes siguen operando todavía en el inconsciente individual y colectivo."

Dr. Stanislav Grof


Y para terminar os dejo con una frase, relacionada con la psicohistoria, pero la ficticia, la de las novelas sobre "la fundación" del gran Asimov...

"La violencia es el último recurso del incompetente"
Salvor Hardin - Primer alcalde de Terminus.

...este post sigue en una segunda parte, en donde desgrano las principales hipótesis que desarrolla Lloyd DeMause en su ensayo "la evolución de la infancia"