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miércoles, 29 de mayo de 2013

Mi caída... y Paul Auster.

Salté al tejado, noté el crash de las tejas, apenas me sostuvieron un segundo, me sentí volar...
...caía y caía; tres, cuatro segundos, no fueron más; segundos expandiéndose en el tiempo, tiempo infinito para mi conciencia.
Me asusté, sentí mi vida en mi mente, pasando acelerada; una angustia indescriptible, un terror atemporal, a muerte, recorrían mis venas, henchían mi ser; apenas comprendía que estaba sucediendo...
...estaba ya casi muerto??? 
entendiendo por casi, el segundo que me faltaba para chocar contra el suelo... 
...en un instante, Caronte me cruzaba en su balsa... y nada.

Lo primero que mi conciencia tras la inconsciencia intuyó, es que podía pensar, por lo tanto, si estaba muerto, algo habría después, o simplemente no estaba muerto???
Deseché esta última idea porque no me podía mover, ese momento de pesadilla, que te quieres despertar y no puedes, que te quieres mover y no puedes, ... me obligué a mi mismo a hacerlo, sabiendo que estaba muerto... no podía.

...era mi cumpleaños, 20 agostos en el mismo momento en que se me había roto el tejado...
...porqué??? no importaba ...como??? no lo sabía.

Vi una luz, una luz que me hablaba, a lo alto, sonidos, murmullos, claridad; luego supe que era el agujero por donde había caído, supe que eran personas que me habían visto morir.
Mi corazón no latía, mi cuerpo permanecía inerte sobre ese suelo irreconocible, mis sentidos no recibían señales, sólo mi conciencia funcionaba.
...en un instante, pasé de "muerto" a vivo de nuevo, Caronte me devolvía mi pasaje, comencé a sentir el dolor, un dolor agudo, un dolor insostenible, cada vez más insoportable. 
Mis sentidos se recobraron de golpe, el dolor era cada vez mas fuerte, no se cuanto tiempo permanecí en aquel habitáculo hasta que me rescataron, pero esos pocos minutos, siempre tuve la sensación de haber estado muerto.

6 de Agosto de 1995, cayendo del tejado de la Lonja de Ribeira...


"-No debí tardar mucho en llegar al suelo -dijo-. 
Tal vez un segundo o dos, tres como máximo. Pero recuerdo claramente haber tenido más de un pensamiento durante ese tiempo. Primero vino el horror, el momento del reconocimiento, el instante en que comprendí que estaba cayendo. Uno creería que eso habría sido todo, que no habría tiempo de pensar en nada más. Pero el horror no duró. No, eso es falso, el horror continuó, pero hubo otro pensamiento que creció dentro de mí, algo más fuerte que el simple horror. Es difícil darle un nombre. Un sentimiento de absoluta certeza, quizá. Una intensa y abrumadora sensación de convicción, un sabor a la verdad última. Nunca había estado tan seguro de nada en mi vida. Primero me di cuenta de que caía, luego me di cuenta de que estaba muerto. No quiero decir que tenía la sensación de que iba a morir, quiero decir que ya estaba muerto. Era un hombre muerto que caía por el aire, y aunque técnicamente aún estaba vivo, yo estaba muerto, tan muerto como un hombre enterrado en su tumba. No sé de qué manera expresarlo. Mientras caía, ya estaba más allá del momento de llegar al suelo, más allá del momento del impacto, más allá del momento de hacerme pedazos. Me había convertido en un cadáver y cuando choqué contra la cuerda de la ropa y aterricé sobre esas toallas y mantas (para mi no eran toallas ni mantas, sino nasas y otros aparejos de pesca), ya no estaba allí. Había abandonado mi cuerpo y durante una fracción de segundo me vi desaparecer."

 "Leviatán" - Paul Auster

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