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martes, 18 de octubre de 2016

La historia de un gesto no realizado...

Augusto Landmesser se rechazó dar este saludo en 1936. El año anterior, lo habían expulsado del partido por casarse con una judía
Era 1936, el nazismo estaba en pleno auge y el hombre de la foto se atrevió a hacer lo que nadie se podía imaginar: negarse a uno de los obligatorios saludos Nazi. Pero, ¿qué impulsó a que Augusto Landmesser (así se llamaba) se resista a rendir honores al gobierno de Adolf Hitler? Con esta imagen, hay una historia que ha sido recogida por varios medios del mundo en los últimos días.
LA HISTORIA DETRÁS...
En 1991, una de sus hijas identificó a este hombre como Augusto Landmesser, un trabajador del astillero de Hamburgo. Esta semana, la imagen dio la vuelta al Internet, después de que un blog llamado Senri no michi, ceado para facilitar las tareas de socorro después del terremoto de Japón, la recuperara en febrero de 2012
En realidad es la historia de un gesto no realizado: el del saludo nazi.
Ocurrió en 1936, en la ciudad de Hamburgo, cuando una multitud se congregó para presenciar la botadura de un buque de la marina. Allí, mientras todos levantaban su brazo para hacer el saludo nazi, Landmesser se quedó con sus brazos cruzados.
Pese a que pertenció al Partido Nazi desde 1931 y hasta 1935, Landmesser tenía un triste motivo para no rendirle honores a esta causa: fue expulsado por el simple hecho de casarse con una mujer judía llamada, Irma Eckler.
Lo encarcelaron por el increíble motivo de “deshonrar a la raza”. De Irma, se cree que fue detenida por la Gestapo (la policía secreta oficial de la Alemania nazi) y Landmesser tuvo con ella dos hijas. Eckler también fue llevada a prisión en Hamburgo. Sus hijas, Ingrid e Irene, fueron separadas.
Mientras que a Ingrid se le permitió vivir con su abuela materna, a Irene se le llevó a un orfanato y más tarde fue adoptada por una familia. En 1941, Landmesser salió de prisión y fue enviado a la guerra, aunque pronto se le declaró como desaparecido en combate y se le dio por muerto.
De acuerdo a “The Washington Post”., en 1996 una de sus hijas, Irene, escribió la historia de su familia con el fin de contar al mundo la desgarradora historia de su padre y su madre y de cómo fueron separados por el régimen nazi. Gracias a Internet, hoy se conoce su relato.

jueves, 13 de octubre de 2016

O miramos al Mediterráneo u otras generaciones nos preguntarán qué hacíamos en 2016.

O miramos al Mediterráneo u otras generaciones nos preguntarán qué hacíamos en 2016...
...que hacíamos cuando cientos de personas morían cada día en el mediterráneo, después de viajar durante año y medio, a través de países en guerra, viendo la muerte de sus madres, maridos, esposas, hijas... siendo violadas repetidamente hasta que las entrañas del alma salen por los ojos en lugar de lágrimas.

Tenemos que convertirnos en abanderados de la dignidad, hoy en día la indignación desborda los lugares públicos y privados, mientras las soluciones a todas estas muertes se acallan en un sofá mientras vemos la tele.
La esencia de la política es el conflicto y frente a este axioma, el poder nos engaña, nos adormece, diciéndonos "Todo es consenso, no te preocupes, acuéstate en tu sofá, mira la tele, nosotros lo solucionamos..." y mueren, y mueren, y siguen muriendo a miles, ahogándose en una tumba colectiva de agua.
Me cuentan que en Grecia es la sociedad civil quien ayuda a los refugiados, mientras su estado en coma profundo inducido por las altas instancias europeas, ayuda en lo que puede... se han escolarizado miles de niños en sus institutos mientras amanecer dorado "amenaza" a esos padres, madres y niñas refugiadas con que no tienen "derecho" a ir a "sus" colegios y es entonces cuando la sociedad, los padres, madres y niñas griegas que poco tienen ya que perder, se agrupan, se asocian... para defender a esas personas refugiadas que carecen de todo.
La única autoayuda que funciona es la autoayuda colectiva y la autoayuda colectiva se puede convertir en política, cuando esos movimientos sociales de los de abajo se convierten en el nuevo estado social.
No nos resignemos a la indiferencia en la política, al poder le encanta que lo hagamos, nos apremia a que creamos que es la única forma de gobierno...
Antonio Gramsci nos alumbraba con su "Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a quien no toma partido, por eso odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente."
Clara Campoamor decía que todo es imposible, mientras lo parece.
Pepe Mujica nos enseña que la vida se puede sufrir porque te la imponen o se puede recrear porque tú deliberadamente tomas tu rumbo.
Bertold Brecht nos exhorta a pensar que sólo los pueblos que tienen convicciones, son los pueblos que tienen esperanza.

Porqué justificamos la mala crianza de nuestros padres???

"Una civilización de mamíferos que basa, en fin, su existencia en el maltrato sistemático (psicológico, verbal, físico, psicofarmacológico...) de sus propias crías, es decir, en la negación de nuestros propios errores sobre ellas, no puede ser sino una civilización condenada a toda clase de abusos y desdichas."

El cerebro es incapaz de representar de modo constante información absoluta del entorno, valoramos cada señal en relación con los estímulos adyacentes. Incluso las tomas de decisiones se hallan influenciadas por el contexto correspondiente. 
En la crianza, los hijos reciben de sus padres un único valor, una única pauta de crianza; no suelen tener -sobre todo en los primeros años- prácticamente ninguna referencia de como tienen que comportarse sus padres, excepto la experiencia presente de como se comportan y aprenden -tanto si éstos lo hacen bien como mal- que lo correcto es como a ellos los tratan, como a ellos los educan -no conocen otra educación- como mucho quedan con los abuelos que suelen ser quienes más han influenciado en su crianza a los padres, con lo que suelen repetirse patrones intergeneracionales. No tienen otros valores de referencia, y por eso, como niños, estamos perdidos, cuando nuestros padres no nos aman incondicionalmente.

No podemos comparar ese "valor de crianza" con prácticamente ningún otro (apenas los conocemos: abuelos o quedarse alguna vez en casa de algún amigo o primo, por ejemplo) con lo que vamos teniendo vagas referencias, en casa de amigos, primos, abuelos... diferentes a las que hemos asumido como verdaderas, a medida que crecemos y salimos al mundo (entre los 6-7 años), pero nuestro valor absoluto, que es el día a día, con nuestros padres, desde nuestro nacimiento, es nuestro valor de referencia...
A medida que crecemos, adolescencia y adultez, vamos conociendo otros patrones, otros valores, otras formas de educar, y empezamos a comparar y a refllexionar sobre ellos; aunque siempre partiendo de nuestro valor de referencia...
..."nuestra crianza", la ofrecida por nuestros padres, como valor cuasi-absoluto. Cuando se producen conocimientos que mejoran la crianza que hemos tenido, tendemos a autojustificar lo que hicieron nuestros padres, en lugar de pensar, si así fuera el caso, "lo hicieron mal, aunque seguramente lo hicieron lo mejor que supieron".

Cuando encontramos "peores métodos de crianza", pensamos y decimos, mira que bien lo han hecho mis padres, justificando así: azotes, cachetes, gritos o cualquier otro tipo de falta de respeto ejercida por nuestros padres... en una situación que no hay que olvidar que es DE PODER, ya que el niño o niña se encuentran en un estado de indefensión total ante sus progenitores, considerados como Dioses por sus hijos, sobre todo en las primeras etapas de vida... porque otros padres, otras familias, lo han hecho peor.

En lugar de reflexionar sobre nuestra crianza, de una manera sana y en clave de aprendizaje, si es o fue, buena o mala, tanto en general como en hechos o situaciones particulares, creciendo como personas y como futuros progenitores, tendemos a compararla con otras peores, para mejorar la nuestra y confortarnos, dando lugar a la repetición de patrones de crianza perjudiciales para las futuras generaciones

Por qué, en cambio, si unos padres incapaces y/o sin afecto crían unos hijos infelices y problemáticos, casi todo el mundo culpabiliza a éstos -llamándolos "maleducados", "malos hijos" o incluso "enfermos"-, en vez de responsabilizar a los padres? Parece el viejo truco de acusar a la víctima para eludir la responsabilidad del verdugo.